Si bien el título de esta novela del escritor Gerard de Cortanze fue el que me llevó a comprarla, más aun tratándose de un episodio de la vida de la genial pintora mexicana Frida Kahlo, creo que si se hubiese llamado viva la vida, una de las frases más emblemáticas de Frida, le hubiese quedado mejor.
Aunque el enfoque central es un romance, al comienzo clandestino, entre León Trotsky y la enigmática Frida, el libro aborda esa forma de ser tan especial de ella, su carácter voluntarioso, su sufrimiento físico, la tormentosa relación con el muralista Diego Rivera, y lo que es más sorprendente, la gran libertad sexual que disfrutó Frida, quien tuvo innumerables amantes, haciéndole competencia a su mismo esposo.
Frida nos demuestra en este texto cómo fue en cierta forma incomprendida por la sociedad, en primer lugar, por sus inclinaciones comunistas, por ser mujer y por su arte surrealista, arrollador, sincero, descarnado. De hecho, muchos no lo entendían y nadie se imaginaba en su casa una obra de Frida. Hoy en día tenerla representaría miles de dólares ya que es ampliamente cotizada en el mundo.
Este libro nos enseña como Frida hace gala de una de sus frases: Pinto autorretratos porque estoy mucho tiempo sola. Me pinto a mí misma porque soy a quien mejor conozco. Se la pasaba mucho tiempo sola, adolorida de la columna y se dedicaba a pintar. Para vender, tenía que pintar bodegones, más fáciles de colocar en una casa.